Colosenses
Isaías
Romanos
Varios
 

Dentro de la tradición reformada, la predicación de las Escrituras ocupa el lugar central. Esta actividad debe hacerse considerando principios de interpretación que garanticen que lo que se escucha desde el púlpito es el contenido del mensaje de la Biblia y nada más.

Este tipo de predicación es conocida como "expositiva" y se apega a cada una de las frases de la Escritura tomando en cuenta su contexto. El resultado es que cada sermón se convierte en un eslabón que contribuye a la comprehensión de algún libro de la Biblia y, en última instancia, de la Biblia en su totalidad.

Inscrito en esta disciplina, el Dr. Gerald Nyenhuis ha desempeñado su trabajo por más de cincuenta años. Ponemos a disposición del público una pequeña parte del fruto de su trabajo.

 

 

Epístola de Pablo a los Colosenses

Epístola de Pablo a los Romanos

Profecía de Isaías

Varios

 


La Reforma y la predicación

Gerald Nyenhuis

05 de octubre de 2008

Algunos historiadores de la Reforma Religiosa del siglo XVI  la llaman “el triunfo de la predicación”. Es decir, para ellos, destacados historiadores, especialistas en la época afirman que la Reforma, en esencia, no fue política, lograda por intrigas, negociación, influencia, o el acuerdo de autoridades, ni fue militar, lograda por armas, soldados y violencia, sino fue religiosa, en el sentido verdadero del vocablo, lograda por medio de la predicación, es decir, por la exposición de la Palabra de Dios.

El énfasis sobre la predicación como una exposición de la Palabra (que es diferente del concepto de la “oratoria sagrada” de la iglesia romanista) tiene dos fundamentos. Uno es la confianza en que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios. El otro fundamento es la confianza de que el pueblo creyente es el pueblo de Dios, o sea, la iglesia. Y la Palabra es el mensaje de Dios para su pueblo, ya que ese pueblo vive por la Palabra de Dios. Sin estas dos convicciones no hubiera habido Reforma.

Estas dos convicciones existían, por supuesto, antes de la Reforma. Los conceptos caracterizaban la iglesia primitiva y, a través de la historia, periódicamente había intentos de restaurarlos en todo su vigor. Por esto a los pre-reformistas Juan Wicliff y Juan Huss los mataron. Los dos creyeron en la Biblia y creían también que la Biblia era para el pueblo. Y lo predicaban. Por eso ellos y otros murieron.  .

La Reforma restauró la predicación como el meollo del culto y la esencia del cristianismo. A partir de la Reforma y hasta los días actuales hay énfasis sobre la predicación de la Palabra como lo esencial de la iglesia. En estos casi quinientos años, las iglesias reformadas han luchado para mantener este énfasis, y siguen luchando.
 
Es la convicción de las iglesias reformadas (y la iglesia Presbiteriana es una iglesia reformada)  que la iglesia verdadera cae o sigue en pie por su predicación. No se habla de la mera oratoria sobre temas religiosos, ni de conmover la voluntad del ser humano como lo hace la oratoria política, sino de una clara proclamación de lo que se enseña en la Palabra de Dios.

Más que simplemente tener pastores instruidos, las iglesias reformadas sobre todo buscan tener congregaciones instruidas en la Palabra de Dios. Los pastores tienen que dedicarse a ello. La predicación implica un fuerte deseo de que el pueblo de Dios tenga un profundo conocimiento de la Palabra de Dios. También tienen la convicción de que la exposición de la Palabra  es lo único que literalmente da vida al pueblo de Dios. 

La figura geométrica que mejor ilustra este énfasis es la elipsis: una elipsis es un círculo con dos ejes. La predicación tiene dos ejes: la Palabra de Dios y el pueblo de Dios. En este respecto la iglesia “Berith” ha sido una iglesia reformada desde su inicio, y lo ha de seguir siendo.


 

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www.berith.org.mx